José Vargas| Agencia Informativa Alor Noticias
José Azueta, Ver.- A casi un mes de la desaparición de Guillermina López Rivera y Eusebio Nolasco Joaquín, una pareja originaria de Tuxtepec, Oaxaca, el municipio veracruzano de José Azueta vive una intensa jornada de rastreos, enfrentamientos armados y detenciones en medio de un entorno dominado por el crimen organizado. Equipos de búsqueda recorren día y noche caminos, lotes baldíos, terrenos ganaderos y lagunas, sin hallar rastro de los desaparecidos.
La pareja fue vista por última vez el 18 de junio, en la comunidad de Tesechoacán, cuando acudieron a reunirse con Marcos “N”, un hombre que supuestamente les ofrecía la compra de un terreno. Desde ese día no volvieron a casa. Marcos “N” fue detenido esta semana por la Agencia Estatal de Investigaciones de Oaxaca y entregado a las autoridades en Tuxtepec. Se le señala como la última persona que tuvo contacto con Guillermina y Eusebio, y versiones del hampa aseguran que él mismo los habría entregado a un grupo delictivo.
Los trabajos de búsqueda han estado encabezados por la Comisión Estatal de Búsqueda de Veracruz, que mantiene presencia activa en comunidades como Vicente Guerrero, en José Azueta. Ahí, personal forense, policías y autoridades recorren a pie los parajes más solitarios y difíciles, revisando posibles fosas clandestinas y casas abandonadas. El silencio y el miedo predominan.
Los padres de familia, conocidos por ser trabajadores y sin antecedentes, podrían haber sido blanco por los terrenos que poseen, ubicados justo donde cruzan ductos de PEMEX, una zona controlada por bandas huachicoleras. Su hija, Ilse Nolasco, ha señalado que sus padres no tenían conflictos ni amenazas previas, y que su desaparición debe estar relacionada con intereses criminales.
El 7 de julio, la Secretaría de Seguridad Pública sostuvo un enfrentamiento armado en la comunidad de El Aguacate. Ahí fue localizada una casa de seguridad. Tras los balazos, cinco vehículos fueron asegurados, así como armamento largo. Tres personas fueron detenidas cuando intentaban escapar rumbo a El Manzanillo en una camioneta Durango: Nicolás Gerardo “N”, imputado por delitos contra instituciones de seguridad pública, y María del Rocío “N” y Yeraldi “N”, procesadas por delitos contra la salud. Todos fueron ingresados al penal de Cosamaloapan.
Estos operativos no sólo buscan a Guillermina y Eusebio, sino también a más víctimas de desaparición forzada atribuidas a la célula criminal Los Piñas, el grupo que controla esta región y que ha convertido a José Azueta en un corredor de violencia, secuestros y muerte vinculada al robo de hidrocarburos y tráfico de drogas.
La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, declaró el 16 de julio que había dado instrucciones directas a la SEGOB y la Comisión Nacional de Búsqueda para reforzar los esfuerzos en esta zona de Veracruz. Hasta ahora, la respuesta federal ha permitido algunas detenciones, pero no ha arrojado una sola pista del paradero de los desaparecidos.
José Azueta se ha vaciado de malandrines, los jefes se han ocultado o huido, pero la tierra sigue guardando silencio. La búsqueda no cesa. La esperanza, tampoco. Pero la pregunta arde: ¿dónde están Guillermina y Eusebio?


