
Agencia Informativa Alor Noticias.
01 de Agosto del 2022.- Algunos de los migrantes que murieron en el tráiler abandonado en San Antonio, Texas, pagaron por un viaje equivalente a un boleto de primera clase a Estados Unidos, que les incluía cervezas de cortesía, casas de seguridad con videojuegos, incluso una semana en un rancho de cacería.
Pablo Ortega y Julio López disfrutaron de ese beneficio. Ambos habían pedido prestado miles de dólares y realizado pagos extra para asegurar lo que los traficantes prometieron sería un viaje cómodo evitando los peores peligros de los cruces fronterizos ilegales.
Fue hasta el 27 de junio cuando terminó su trato especial. Hacinados y sin aliento en la parte trasera de un tráiler en Texas con más de 60 migrantes.
Casi todos los migrantes, incluidos Pablo Ortega y Julio López, murieron bajo el calor sofocante, en la tragedia del contrabando de personas más letal registrada en Estados Unidos en los últimos tiempos.
Señalan que, a medida que los controles más estrictos conducen a los migrantes a mayores riesgos, expertos dicen que los traficantes ofrecen rutas cada vez más caras que anuncian como “seguras”, “especiales” o “VIP”.
Indican que esas opciones generalmente prometen transporte en vehículos en lugar de caminar por el desierto, así como estadías más cómodas.
Pablo Ortega acordó pagar 13 mil dólares y López 12 mil, informaron sus familiares. Esto está muy por encima del promedio de dos mil a siete mil dólares para los migrantes mexicanos, según los datos del gobierno mexicano de 2019.
Familiares de los fallecidos relataron que, al embarcarse por separado en sus búsquedas de una vida mejor, se les dijo que viajarían solos o en pequeños grupos.
Al menos otra víctima, Jazmín Bueso, una hondureña de 37 años, también pagó el viaje más costoso, indicó su hermano a la agencia Reuters.
Pablo Ortega era un joven de 19 años. Se fue en autobús a mediados de mayo de su casa en Tlapacoyan, un pueblo en el sureste del estado de Veracruz.
Mientras que Julio López partió el 8 de junio de Benito Juárez, originario de Chiapas. Tenía 32 años y era trabajador en un aserradero. Esperaba enviar dinero a casa para los cuidados del autismo del menor de sus tres hijos.
Fuente: Reforma / Foto: Archivo / JAC


